La Máscara
El arte invisible de parecer entero
Alan Herrera
Nadie nos enseña a fingir; lo aprendemos por supervivencia. Descubrimos pronto que mostrar el dolor incomoda, que la vulnerabilidad asusta, que un “estoy bien” pone fin a cualquier conversación difícil. Así, sin darnos cuenta, construimos una cara para el mundo y guardamos la verdadera para nadie.
La máscara no es hipocresía. Es armadura. El problema no es ponérsela, sino olvidar que la llevamos puesta —confundir la cara construida con la cara real, hasta no saber ya cuál de las dos somos.
Quitarse la máscara no se hace de golpe. Se hace en presencia de alguien que no huye cuando ve lo que hay debajo. A veces ese alguien tiene que ser uno mismo.
